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Oniomanía

Publicado por María Gómez

Es posible que no sepas qué  es la oniomanía. Incluso, puede que tú mismo seas oniomaníaco, al menos, en momentos puntuales de la vida. Si tras leer este artículo crees que, definitivamente, lo eres, acude a un especialista lo antes posible para empezar un tratamiento.

Llegan las rebajas, y haces una lista de todo lo que “necesitas”. Te levantas temprano y te preparas para salir. Te aseguras de que llevas la tarjeta de débito, la de crédito también, y sales con una sonrisa dibujada en la cara para dirigirte al centro comercial más cercano. Entras en todas las tiendas, en todas ellas, compras algo. Empiezas a cargar con bolsas de distintos colores y tamaños pero todavía necesitas más cosas, así que sigues comprando. Cuando llegas a casa y pones las bolsas encima del sofá te das cuenta de que te has vuelto a sobrepasar. Comienzas a sentirte culpable porque te has gastado más de lo que tienes. Te prometes a ti mismo que mañana lo devolverás todo y que ya no volverás a comprar nunca más. Exactamente igual que hace tres días, hace una semana, hace un mes, quizá, hace un año.

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El comprador compulsivo padece un trastorno psicológico serio. Se enmarca dentro de los tratamientos dirigidos a tratar las adicciones. Este trastorno se manifiesta con síntomas como pensamientos incontrolados que empujan a la persona a comprar, desea resistirse pero siempre acaba cayendo en la tentación sintiendo un placer y satisfacción tan efímeras como el paso del tiempo. A continuación, surgen los sentimientos de culpa y arrepentimiento, lo que le lleva a reincidir para volver a sentir placer. En centros o calles comerciales sienten ansiedad y nerviosismo que obstaculizan el autocontrol. La espiral de consumo puede alcanzar niveles tan exagerados que llega a poner en peligro la estabilidad económica del sujeto y hasta de la familia.

Por tanto, la terapia tendrá como gran objetivo reconducir cognitivamente los comportamientos entrenando al sujeto en habilidades que le permitan controlar sus pensamientos y sus actos. De esta manera, llevar un registro de las compras nos dará perspectiva real de la situación problemática y el sujeto se enfrentará a los datos objetivos sobre los que debe actuar. Registrar también los pensamientos que nos acechan, identificarlos y frenarlos será otra pauta de actuación a llevar a cabo. Aprender y dominar técnicas de relajación y respiración resulta fundamental para empezar a reducir los efectos fisiológicos de la activación.

La modificación de conducta y el control de los impulsos son claves para que el tratamiento sea efectivo y las nuevas acciones se prolonguen a lo largo del tiempo. Por lo tanto, es preciso ponerse en manos de un psicólogo experimentado en este campo.

La meta máxima es disminuir las compras hasta poder moderar el consumo con el fin ser capaz de comprar sólo lo estrictamente necesario pudiendo darse un capricho de vez en cuando. No es infrecuente que se produzcan recaídas, como en la mayoría de las adicciones. El profesional sabrá cómo gestionar estos casos y reconducir la intervención.

En los último tiempos, ha surgido una variante del comprador compulsivo tradicional y es aquella que podríamos denominar “de pijama”. Se trata de las compras on line. Más peligrosa, si cabe, puesto que no necesita un desplazamiento físico y las oportunidades de gastar multiplican por un millón gracias a la posibilidad de acceder a cualquier punto de venta del mundo en versión digital.

 

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