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Aspectos psicológicos de la enuresis infantil

Publicado por María Gómez

La enuresis o ausencia de control de la orina es una vieja conocida de la infancia. Niños que sobrepasan los tres o cuatro  años y todavía mojan las sábanas o la ropa. El primer paso es averiguar el origen. Una vez que se han descartado factores genéticos o de retraso en la maduración, habrá que bucear sobre el terreno psicológico.

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Este trastorno suele ser habitual en niños que viven en un entorno familiar desestructurado, o confuso en lo que autoridad se refiere. Otra causa frecuente son las alteraciones emocionales que sufre el niño que son somatizadas de esta manera. En ocasiones, se trata de una regresión producida por algún episodio desestabilizante como el nacimiento de un hermano, o la pérdida de alguien cercano. Se considera que los disturbios emocionales actuarían como causantes del trastorno ya que retrasarían el proceso madurativo.

Cabe la posibilidad de que sea un síntoma de necesidad de amor o cariño, de rencor hacia quien le hace daño, o de ansiedad por castigos repetidos. En estos casos, la enuresis se resuelve rápidamente una vez atajado el problema de origen.

Es muy importante que los padres y la familia más cercana al niño mantengan una actitud sensible y tolerante ante la circunstancia puesto que, de esta forma, se facilitará el éxito del tratamiento además de que se disminuirá el sufrimiento del niño si se siente apoyado por su entorno. En caso opuesto, sólo se conseguirá minar dramáticamente la autoestima del niño.

Es preciso hacer frente al trastorno tan pronto como sea detectado ya que, de lo contrario, puede ocasionar daños en la autoestima del menor. Acuda al pediatra cuando haya observado que no se trata de un hecho aislado. Sobre todo, no se le debe presionar o reprobar por no poder autocontrolar este acto. Psicológicamente, si el niño ya tiene cierta edad, la enuresis se convierte en un verdadero problema. La vergüenza que esta conducta le causa al niño origina un sentimiento de frustración que lleva a inhibir al niño. Por ejemplo, no irá a casa de otros niños a dormir ya que pensará que será víctima de las bromas de los demás lo que le hará sentir humillado.

En resumen, habrá que realizar un estudio integral del niño para determinar la causa de la enuresis para iniciar el tratamiento adecuado. No obstante, es preciso tener en cuenta que no existe una causa única que desencadene la enuresis sino que, posiblemente, se trate de un cúmulo de circunstancias cuya combinación dé como resultado una enuresis.

Siempre hay que tener en cuenta que el tratamiento suele dar buenos resultados, y el problema se supera sin dejar secuelas importantes.  Sin embargo, procuremos no dramatizar sobre el asunto y tener el umbral de paciencia bien alto. Si en un primer momento no parece funcionar la terapia, el niño puede entristecerse y cambiar el carácter hacia una introversión que no verbalizará. Se tratará con mucha probabilidad de la necesidad de realizar algún pequeño ajuste, pero la mente de un niño no está preparada, en ocasiones, para pensar en esos términos.Los padres deberán estar preparados y bien asesorados para poder gestionar esos momentos.

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