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Síndrome de la mamá gallina

Publicado por María Gómez

Desde el principio de los tiempos, las formas de educar han sido diversas. Hay rasgos atemporales que todavía en nuestros días se siguen detectando. Es el caso de la sobreprotección y del llamado Síndrome de la mamá gallina. Aunque se refiera el nombre a las madres, el síndrome abarca a toda persona que se relacione con el niño:abuelos, tíos, padres, etc. Cuando se educa desde el miedo y la inseguridad y se proyecta sobre los niños, lo único qu se consigue es impedir el desarrollo óptimo personal y crear personas dependientes física y afectivamente.

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Aunque se debe promover el arraigo familiar, es preciso dejar espacio a la libertad, a que aprendan a volar solos aunque eso conlleve que cometan errores, o surjan frustraciones y dudas.

Lo más aconsejable es hacer hincapié en una educación que confíe en un desarrollo del niño esencial, siempre apoyando, dando amor y poniendo límites para guiar la educación. Hemos de procurar que los niños nos perciban como disponibles para cuando necesiten.

Cuando los educadores se califican de tóxicos es debido a que ejercen un efecto opresivo e irracional. Suelen proyectar sobre sus hijos sus vulnerabilidades lo cual conlleva un ansia de control enfermizo sobre las actuaciones de sus hijos.

Hay que aceptar el hecho de que algunos aprendizajes, frecuentemente los más significativos, se producen tras un pequeño fracaso que requiere forzosamente una superación de algún tipo.

Por tanto, en efecto hay amores que asfixian cuyas consecuencias en la vida del que lo sufre son importantes. Conviene señalar que esta forma de relación suele ser inconsciente fruto de la huella de momentos que han influido en la persona de tal manera que se produce una desestabilización y una pérdida de la objetividad. Así que también hay que dejar un espacio para la comprensión de su situación y sobre todo para ayudarles a gestionar sus frustraciones no resueltas.

Las relaciones del tipo que sean basadas en el miedo, la angustia, la inseguridad o la culpa pasan factura a ambas partes.  Personalidades inseguras, con bajas autoestimas, altos niveles de dependencia que acarrea una pobre autonomía. De ahí que cuando el niño tiene que desenvolverse por sí mismo llegado a una edad, no tiene los recursos y habilidades suficientes y adecuados. Ésto dificultará el acceso al empleo y al establecimiento de relaciones personales sanas.

Siempre se está a tiempo de reconducir la situación ya sea de manera conjunta o individual. Lo primero es ser consciente de la situación, del sufrimiento, de la presión ejercida y sufrida. Sólo reconocer el hecho ya produce una descarga emocional importante.

Después es necesario realizar un análisis profundo sobre las aspiraciones, necesidades, e inclinaciones reales de ambas partes. Con frecuencia, se diluyen las de uno con las del otro, por tanto, será necesario delimitar el espacio de cada uno en este sentido. Para ello, se fomenta la libertad de expresión en un ámbito lo más estéril posible en cuanto a influencias se refiere. La posibilidad de elegir libremente supone iniciar el camino hacia la asertividad para saber decir “no” cuando se precise o tomar decisiones basadas en nuestro criterio propio.

 

 

 

 

Cuando la humanidad valore la vida y la reciba con agradecimiento, viviéndola en plenitud, entonces desaparecerán muchos de los conflictos que nos acechan. Eso sí, para ello es necesario un ejercicio de responsabilidad propia, de y de trabajo personal, de confrontar con nosotros mismos y con los demás, lo cual a veces supone una reestructuración y una transformación interna importante.

 

 

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