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Preocupación por la preocupación: TAG

Publicado por María Gómez

La vida y su día a día nos provoca preocupaciones.  Hasta cierto punto, esto es lo normal: algo nos preocupa, buscamos solución, se resuelve la situación y desaparece la preocupación.  Sin embargo, cuando la preocupación sobre aspectos de salud, económicos, laborales o personales se extiende a lo largo de bastante tiempo y no se resuelve lo más probable, es que desemboque en un trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

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Si piensas que eres una persona que permanece en un estado constante de ansiedad o de nerviosismo pero no tienes muy claro el límite, vamos a  proporcionar los síntomas más evidentes de que estás en situación de TAG.

Así pues, si el motivo de tu ansiedad no tiene una base real sino simplemente es fruto de un miedo permanente a que todo salga mal por sentirte incapaz de controlar la situación, el desequilibrio hace acto de presencia. Como consecuencia este estado, domina de forma negativa al individuo y a su vida de forma integral. La posibilidad de una catástrofe es percibida como inmediata, por lo que el individuo se encontrará en situación constante de alerta. Por tanto,  se tratará de personas irritables, con un alto grado de irritación interna, tensiones musculares y de carácter psicológico importantes, y/o complicación para mantener la mente en blanco o la concentración. Incluso a nivel físico, se pueden producir sofocos, hormigueos, dificultades respiratorias, fatiga con mareos entre otros.

Además, si los síntomas están presentes prácticamente diariamente y durante un tiempo considerablemente prolongado ( seis meses o más),  el diagnóstico se concreta más todavía.

Cuando llegamos a este  pico continuado de ansiedad nos encontraremos con una situación difícil de gestionar de manera autónoma por lo que resulta muy recomendable buscar ayuda profesional que nos oriente sobre los pasos a seguir. No obstante, no descartamos la aportación de terapias alternativas cómo el mindfulness, la meditación y el yoga que resultan muy beneficiosas y complementarias a la terapia cognitivo – conductual.

El terapeuta tendrá que ahondar sobre el origen del conflicto y su mantenimiento así como de aquellos factores que facilitan que seas más vulnerable y estés más predispuesto a padecer TAG. Por otro lado, será de gran utilidad localizar aquellos aspectos que interfiera en el correcto desarrollo de la terapia, tanto los personajes como los circunstanciales.

Las causas de la aparición del trastorno pueden ser debidas a situaciones  variadas percibidas como estresantes aunque no se descarta la posibilidad de que desajustes químicos producidos en el cerebro  puedan influir de forma determinante.

Una vez conocemos a grandes rasgos las características de este trastorno alentamos a al lector a que si está experimentando estas sensaciones, actúe lo antes posible de manera que su influencia se haya debilitado en etapas tempranas del trastorno, con lo que su resolución será más rápida y la calidad de vida se verá recompensada en un tiempo próximo. No olvidemos que este trastorno no surge el día a la noche sino que con frecuencia se empieza a gestar en la etapa adolescente y, en ocasiones, en la infancia por lo que es importante observar cualquier indicio y atajarlo a tiempo.

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