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12
Mar

Fracasar es aprender

Publicado por Malena el 12 de Marzo de 2010

Fracasar es aprender

La intención de ponerse en acción para hacer realidad los sueños es lo más valioso, porque el éxito de los emprendimientos sólo nos está indicando que estamos transitando por el camino correcto y que hay que seguir adelante intentando la realización de cosas nuevas.

Lo nuevo es lo que nos llena de energía y nos entusiasma, es la frescura de la vida, todo lo que aún tiene posibilidades de desarrollarse, crecer y madurar.

Las decisiones pueden ayudar a fracasar y es la forma de tomar decisiones la que conduce directamente hacia una cadena de fracasos.

Las decisiones provienen de las creencias, porque somos lo que creemos, de modo que si una persona está convencida de tener una auténtica vocación de fracaso, para revertir esa tendencia tiene que comenzar cambiando sus creencias.

El desarrollo de los negocios en una sociedad compleja y cambiante exige una estrategia de acción que hay que seguir que garantiza en gran medida buenos resultados.

Este modo de hacer las cosas se puede aprender, pero es necesario desprenderse de toda idea preconcebida y estar libre de prejuicios.

Los expertos en comercialización estudian la situación, las condiciones del entorno, las tendencias, hacia donde se dirige el mercado, estimulando la creación de un equipo de trabajo idóneo, incentivando la incorporación de socios familiarizados con la actividad que van a desarrollar y compartiendo y aceptando nuevas ideas, sin quedarse pegado a las propias.

Hoy en día se deben sacrificar los personalismos y emplear técnicas y estadísticas reales para poder trabajar sobre terreno seguro.

El fracaso no es sólo el resultado de una intención sino que es una forma de vida cuando se insiste en mantener el rumbo equivocado.

A los que se hunden en este remolino, esta situación les confirma que no vale la pena intentar nada, que tienen mala suerte y que para tener éxito hay que mentir, engañar o estafar.

Todo lo que pudo haber sido y no fue en la vida de una persona tal vez se haya debido a su creencia derrotista que dio por tierra con todas sus intenciones. Sin embargo siempre se está a tiempo para intentarlo porque la vida comienza hoy.

El fracaso ayuda a entender por qué nos equivocamos y nos da la posibilidad de corregirlos, porque no existen los proyectos perfectos.

Un trabajo mental puede ser entorpecido por las emociones, cuando el entusiasmo y las ilusiones hacen que corra por nuestras venas la adrenalina.

Es mejor permanecer frío y concentrado, porque la realidad tiene sus reglas que no hay que perder de vista y las emociones nos impiden ver con claridad.

El éxito de una persona, cualquiera que sea su actividad, es el resultado del esfuerzo de mucha gente que ha hecho su aporte silencioso para obtener el mismo objetivo.

El fracaso abre nuevos caminos, marca nuevas sendas, rompe viejas estructuras y se convierte en el paso obligado de todos los exitosos.

Recién cuando la persona se puede despegar emocionalmente de un proyecto comienzan a aparecer los resultados, que es cuando se entrega, deja de estar ansioso, expectante y se deja llevar sin oponer resistencia.

No es casual que casi todos tengan esta experiencia. Es como si sólo se pudieran lograr los objetivos cuando estos ya no importan, cuando han dejado de ser lo más importante en la vida de una persona.

11
Mar

El Embarazo y el Parto

Publicado por Malena el 11 de Marzo de 2010

el embarazo y el parto

La posibilidad de un embarazo puede ser aceptada o rechazada; pero lo ideal es que un niño sea concebido con amor y que sus padres lo esperen con alegría.

La mujer se realiza con su embarazo, su cuerpo se transforma y se desarrolla plenamente con la oportunidad de dar a luz.

Las motivaciones para decidirse a afrontar la responsabilidad de tener un hijo pueden ser diferentes y casi siempre las más interesadas son las mujeres, aunque para ellas signifique un mayor compromiso.

Decidirse es difícil en un momento de la evolución en que las mujeres desarrollan sus carreras laborales, ocupan puestos jerárquicos, emprenden sus propios negocios o se involucran en distintos proyectos.

Lo cierto es que la idea de tener un hijo atrae a la gran mayoría de las mujeres pero también le infunde el secreto temor de perder su independencia.

¿Quiero o no quiero tener un hijo, ser madre y estar dispuesta a hacerlo feliz?

La presión externa es mucha, sus amigas ya tienen hijos o están embarazadas, pero también internamente existe una especie de mandato adquirido o heredado que es difícil de desoír y que se actualiza a medida que el reloj biológico comienza a señalar que el tiempo de concebir un hijo se está agotando.

Mi experiencia como mujer y como psicóloga me ha enseñado que los hijos tienen que tener padres jóvenes y la posibilidad de conocer a sus abuelos cuando todavía no han llegado a ser muy mayores.

Los jóvenes tienen una mayor capacidad para ponerse a la altura de los niños, comprenderlos mejor y hasta les resulta más fácil jugar con ellos, además de contar con la energía óptima para llevar a cabo con éxito su crianza.

La juventud facilita los embarazos, los órganos reproductores están en su mejor momento y la calidad de óvulos y espermatozoides es normal.

También se puede concebir un hijo siendo mayor, aún después de haberse agotado el ciclo reproductivo, pero esa eventual posibilidad requiere el desarrollo de un embrión in vitro, un tratamiento hormonal adecuado y contar con los suficientes medios económicos; o alquilar un vientre con el riesgo de tener que enfrentar posteriormente problemas legales.

Una madre de más de 36 años es considerada desde el punto de vista médico, añosa, requiriendo cuidados y estudios especiales cuando está embarazada, para evitar riesgos de abortos espontáneos o irregularidades.

Sin embargo, en la actualidad es común que las mujeres conciban hijos cuando ya cumplieron los cuarenta años, motivadas a veces por el deseo de mantenerse jóvenes y rejuvenecer.

Algunos pueden creer que tener un hijo puede llegar a salvar a una pareja en crisis y usan al niño para resolver sus problemas.

Tener un hijo es la oportunidad de fundar una familia y comenzar una historia, porque las relaciones que no tienen historia no duran por falta de fundamente, de bases firmes que es donde se arraigan los sentimientos verdaderos.

Cuando los hijos son deseados y aceptados, su crianza se facilita, porque lo más importante para ellos es sentirse amados y valorados.

Es importante que un bebé se incorpore a un ambiente donde en general reine la calma, donde no haya gritos ni agresiones, porque es como una esponja que absorbe la violencia que luego le produce un consecuente desequilibrio.

Si la madre es tranquila tendrá hijos tranquilos, porque los vicios y berrinches de un bebé son la burda imitación de lo que hacen los mayores. Por eso, hay que estar preparado para dar el ejemplo, ya que los niños tienen un alto sentido de justicia aún siendo muy pequeños.

Los padres tienen que respetar a sus hijos para poder exigir que los respeten a ellos y la calma y la firmeza en su crianza son las palabras claves que harán de un niño un adulto sano y responsable. Bien poco, considerando que ambas conductas son gratis.

Dar a luz no es doloroso, al contrario, se siente un gran alivio al expulsar por fin al niño; porque el dolor que se siente es debido a las contracciones del útero.

Salvo que sufra una violación, la mujer es la que tiene la capacidad para elegir traer un hijo al mundo o evitarlo, mediante el uso consciente de protección cuando decide tener una relación sexual.

10
Mar

La Sexualidad en Oriente y Occidente

Publicado por Malena el 10 de Marzo de 2010

La Sexualidad en Oriente y Occidente

La sexualidad humana, además de ser una función reproductiva, tiene un objetivo espiritual, la unión de dos personas que se encuentran en un diálogo íntimo, que les brinda la oportunidad de expresar las fantasías sexuales de cada uno.

En Occidente, los especialistas en sexualidad actuales opinan que el órgano sexual por excelencia es el cerebro, porque es el que rige desde el instinto más arcaico hasta la sensibilidad más exquisita.

De manera que, la forma en que un individuo se comporta sexualmente no depende tanto de sus órganos sexuales sino de factores como su historia personal, su personalidad, sus experiencias, sus creencias, su educación y otros.

Shere Conrad y Michael Milburn, psicólogos de la Universidad de Massachussets, de Boston, incorporan el concepto de “inteligencia sexual” en un libro con ese mismo título, para medir la capacidad erótica de una persona; ya que según esta perspectiva, la inteligencia sexual forma parte de la inteligencia emocional que menciona Daniel Goleman, y se puede detectar, medir e incluso aumentar.

Quiere decir que el sexo no depende tanto de las características físicas individuales de cada uno sino del desarrollo de las habilidades especiales adquiridas que son las que permiten relacionarse mejor sexualmente.

Según estos autores, este tipo de inteligencia sexual se puede aprender y todos tienen la misma capacidad para desarrollarla.

El sexo sin ningún conocimiento está destinado al fracaso para ambos integrantes de una pareja o para uno de ellos, generalmente para la mujer, la que no logrará en este caso, unirse sexualmente con placer sino por el contrario con dolor y frustración.

Una sexualidad plena exige además conocimientos e inteligencia y representa la solución de muchas parejas mal avenidas que han fracasado desde que se conocen y siguen agregando frustración a sus vidas con la resignación de quien no conoce otra cosa.

Es necesario que ambos conozcan su propio cuerpo y su particular sensibilidad, que es única e irrepetible y que está determinada por múltiples factores relacionados con la vida personal y la experiencia existencial.

La comunicación fluida y sin inhibiciones en una pareja es indispensable, quienes de esa manera podrán compartir sus dificultades y sus logros y aprender mutuamente uno del otro.

En Oriente, desde la antigüedad, el placer sexual es considerado sagrado y exige la unión de la mente y el cuerpo para lograr la armonía y la experiencia trascendente de unidad espiritual.

Para los Taoístas, la práctica del sexo exige vaciar la mente, porque no se trata de desarrollar técnicas para llegar al orgasmo, sino de frenar ese impulso la mayor cantidad de veces posible para que al alcanzarlo, se pueda conocer una experiencia única y sagrada.

Los Taoístas recomiendan preparar el escenario adecuado para la intimidad, utilizando velas, aromas, flores y música suave. La relajación total es necesaria y requiere disponer de tiempo y un baño de placer puede resultar muy reconfortante.

El estrés es un estado emocional que impide relajarse y que mantiene la cabeza llena de preocupaciones. Las relaciones sexuales en ese estado se reducen a ser simples descargas orgánicas sin ninguna emoción compartida, generalmente insatisfactoria para la mujer.

Las palabras en la intimidad de una pareja tienen el mismo efecto de una caricia y representan un elemento muy estimulante en el acto sexual, porque el amor necesita también ser expresado en palabras.

La sexualidad debe vivirse con los cinco sentidos y se transforma en un acto trascendente cuando existe compromiso espiritual y afectivo.

Oriente y Occidente son culturas opuestas que se complementan entre si; y a la hora de hacer el amor lo mejor es tomar lo mejor de ambas y experimentar una sexualidad de fusión, con la cabeza y con el corazón.

Fuente: “El Tao de la energía sexual”, de Emmanuelle Temis, Ed. Océano Ambar.

9
Mar

El Control del Estrés

Publicado por Malena el 9 de Marzo de 2010

el control del estrés

No es la vida moderna la que crea el estrés, somos nosotros mismos lo que lo provocamos al elegir reaccionar emocionalmente a las exigencias externas.

Las reacciones que tenemos frente a situaciones que no podemos controlar pueden ser autodestructivas.

Si analizamos fríamente lo que nos ocurre en cada caso en particular, todo tiene una solución alternativa. Pero cuando nos aferramos a que se cumpla lo que pensábamos y nos frustramos, nos sentimos molestos e incómodos, nos quejamos, nos violentamos y en consecuencia nos estresamos.

El estrés no lo produce lo que pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa.

Como ejemplo, mi experiencia de hoy pudo haber sido generadora de estrés, pero yo decidí a tiempo no involucrarme emocionalmente con ese contratiempo.

Como aún no había recibido la liquidación de mi tarjeta de crédito, fui al Banco a buscar una copia.

Saqué un número y me senté a esperar que el único empleado designado para esa tarea atendiera a todos los que estaban esperando.

Cuando llegó mi turno, el hombre, de aspecto depresivo y cara de piedra, después de intentar infructuosamente con la computadora entrar en mi cuenta, me dijo que el sistema estaba muy lento y que sólo me podía dar el saldo.

Aunque mi intención era conseguir la copia de la liquidación, decidí en ese mismo instante no decir nada, aceptar lo que me daba y tratar luego de obtenerla por mi cuenta a través de Internet, aunque esa opción también era dudosa porque no dispongo de tarjeta de débito de ese banco, requisito aparentemente imprescindible para sacar una clave de acceso.

En otro momento tal vez me hubiera enojado, por perderme toda la mañana para no conseguir lo que deseaba.

Las máquinas se han adueñado del mundo pero lejos de facilitar algunas operaciones las han complicado.

Los clientes pagan cada vez más caros los servicios y sin embargo están obligados a aprender a operar las máquinas y a atenderse solos.

Pero si queremos liberarnos del estrés, tenemos que cambiar estos pensamientos por otros más sanos, que no incluyan hacer justicia ni elevar una queja; porque el estrés se adueña de nosotros cuando nos empeñamos en interpretar cada una de las situaciones como injustas principalmente porque nos apartan de nuestras expectativas, en este caso, sin tener en cuenta las limitaciones que tienen los sistemas automatizados y los seres humanos que están a cargo.

El empleado en cuestión me invitó cortésmente a volver al día siguiente, confirmando mi incuestionable convicción de que todo trámite requiere como mínimo dos visitas para su eventual solución, sea quien sea el responsable.

No podemos pensar en términos de justo o injusto, porque entonces cada circunstancia de nuestra vida será vivida con estrés, y en lugar de razonar en silencio mientras estamos en una fila por segunda o tercera vez, lo mejor es cambiar el razonamiento por otro menos tóxico y teórico, pero más realista.

Nadie es culpable porque las cosas en este mundo son así, en todos lados, los empleados no nos odian, hacen su trabajo como pueden en el mejor de los casos y nosotros tenemos que mantener los buenos modales y la calma, porque los contratiempos pueden molestarnos pero nunca merecen desequilibrarnos.

No podemos otorgarle ese poder ni a las personas ni a las cosas; y si el problema es una agenda llena, tampoco importa, pasemos los compromisos para el día siguiente, o bien para el otro, o atrevámonos a cancelar los asuntos que sabemos que no podremos cumplir en forma definitiva; sin olvidar que los contratiempos pueden llevarnos a encontrar otros caminos y otras soluciones.

8
Mar

Las Fobias se Curan

Publicado por Malena el 8 de Marzo de 2010

las fobias se curan

Uno de los males característicos de esta época es sentirse dominado por el miedo.

El miedo es la sensación normal que nos protege de los peligros, pero que cuando no se puede controlar se transforma en un grave obstáculo para la vida.

No se trata solamente de una sensación de desagradable inquietud, sino de cambios fisiológicos, porque el miedo aumenta el metabolismo celular, la presión arterial, el funcionamiento cerebral y la coagulación de la sangre, se detienen las funciones que no son esenciales, se acelera el ritmo cardíaco, se concentra adrenalina en las células y las pupilas se agrandan.

Todos sentimos miedo ante situaciones de estrés, que es lo que nos ayuda a adaptarnos a los cambios, ya que el miedo se relaciona con el instinto de supervivencia que tiene el propósito de inhibir conductas que pueden destruirnos; pero se transforma en patológico cuando se torna crónico y obliga a vivir en un estado permanente de inquietud y estrés imposible de controlar.

La Organización Mundial de la Salud considera a las fobias (temor irracional incontrolable) al problema mental más difundido en el mundo en la actualidad, estimando que una de cada cuatro personas lo padece en alguna medida, impidiéndole realizar determinadas actividades que objetivamente son consideradas racionalmente, inofensivas.

Una de cada diez personas llega a padecer un ataque de pánico; afección que representa una experiencia física de angustia extrema, el terror a perder el control y otros síntomas que pueden resultar inquietantes.

La sensación de miedo es normal frente a circunstancias que ponen en riesgo la vida o la estabilidad emocional, porque prepara al cuerpo para enfrentar el peligro; pero cuando se producen frente a estímulos cotidianos, este mecanismo se descontrola.

Cuando los temores se transforman en patológicos se define como un trastorno de ansiedad; síndrome que se ha convertido en una epidemia.

La vida moderna mantiene a las personas en estado de tensión, las preocupaciones, el cansancio, la competencia, las exigencias en las grandes ciudades, llevan a la gente a estar alterada, a adelantarse a los acontecimientos, a pensar en negativo, a temer sucesos indeseados y a ser aprensivos.

Los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada cuyos síntomas son por ejemplo el cansancio, la impaciencia, la intranquilidad, la tensión muscular, la irritabilidad, el mal humor y el insomnio, está afectando a gran parte de la población activa.

Los ataques de pánico pueden sobrevenir por un motivo aparente o desencadenarla una situación u objeto específico, produciendo la extraña y vaga sensación de estar perdiendo la razón, de estar a punto de morir, de sentir que falta de aire, inquietud extrema y una angustia intolerable.

El temor puede referirse a un objeto pero también puede no tener objeto; cuando el pensamiento es dominado por ideas angustiantes que pueden llevar a realizar conductas repetitivas o rituales para neutralizar la angustia.

Algunos miedos son innatos y naturales, que son los que nos protegen del peligro, pero otros son aprendidos o adquiridos debido a una experiencia negativa.

Huir del objeto que produce temor lo incrementa, porque solamente enfrentando los miedos se logra hacerlos desaparecer.

Del 25 al 30% de las personas que sufren de algún tipo de ansiedad o fobia, aseguran poder manejar esa situación ellos mismos y no se tratan ni saben que los tratamientos tienen muy buenos resultados.

Las personas ansiosas necesitan tener todo bajo control y lo que les produce mayor angustia son los acontecimientos negativos impredecibles.

La mayoría soporta mucho mejor las experiencias esperadas, por más malas que sean; por eso la necesidad exagerada que tienen de controlar todo.

Aprender a vivir con los miedos en forma inteligente puede evitarnos peligros y además ayudarnos a no tener miedo de tener miedo, emoción que nos limita el aprendizaje y no nos deja vivir normalmente las experiencias.

El tratamiento oportuno puede liberarnos de esta pesada carga.

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