27
Jun

Obsesión por la Comida

Publicado por Malena el 27 de Junio de 2008 a las 08:59 am

En la obesidad, es un elemento esencial el factor emocional

Obsesión por la Comida

Hacer dieta es un tema que está en la intención de la mayoría de la gente. Aún los que tienen un peso normal quieren bajar de peso porque desean ser aún más delgados. La delgadez, si se cotizara en la bolsa de valores daría buenos dividendos.

Sin embargo, a pesar de la infinidad de propuestas que existen para adelgazar, cada día hay más gente con sobrepeso.

Como todas los intereses humanos el problema de la obesidad también empieza con la mente, porque son nuestros pensamientos y nuestras emociones los factores que nos conducen al sobrepeso.

La obesidad es la consecuencia de una adicción, la adicción a la comida, que una vez que se instala tiende a establecerse como un patrón de comportamiento difícil de modificar.

Indagar sobre las causas de este trastorno alimentario nos lleva a reconocer en los obesos estados anímicos asociados con la depresión.

Comer, es el primer comportamiento que todo ser humano realiza para satisfacer la necesidad básica de alimentar el cuerpo, que además calma la ansiedad.

La madre no solo amamanta a su niño cuando tiene hambre sino también cuando llora o está molesto por otra cosa.

Esa asociación es muy temprana, por lo tanto más difícil de erradicar, convirtiéndose la comida en un recurso efectivo para combatir la ansiedad.

Esas fijaciones orales también son responsables de la dipsomanía (la adicción a la bebida), la drogadicción y el tabaquismo.

Las dietas por lo general suelen ser bajas en calorías y no siempre coinciden con los gustos particulares de cada uno, por eso con el correr del tiempo son dejadas de lado.

La comida dietética suele ser inconsistente, más cara y muchas veces frustrante. No sacian el apetito y estamos siempre famélicos.

Más que una dieta específica baja en calorías, lo más importante es cambiar de hábitos y comenzar a comer como lo hacen los que son flacos.

Paul Mckenna, conocido psicólogo británico, propone una técnica psicológica interesante para poder comer a gusto, aprendiendo a ser más consciente cuando comemos y poder así discriminar entre el hambre y la ansiedad.

Para este psicólogo, hay cuatro reglas básicas que pueden hacernos bajar de peso.

l- comer sólo cuando tenemos hambre
2-comer sólo lo que nos gusta
3-disfrutar cada bocado conscientemente en forma lenta
4-dejar de comer cuando creemos estar llenos

Somos conscientes que no siempre comemos cuando tenemos hambre, a veces nos tentamos a deshora, otras cuando estamos ansiosos y comemos sin discriminar si es por hambre o por ansiedad.

Comer lo que a uno le gusta sabemos que puede hacernos mal y también puede hacernos engordar, sin embargo forma parte de esta técnica con la condición que no sea por más de dos días seguidos, después de los cuales deberemos seguir comiendo como lo hacíamos antes; para reiniciar el ciclo dos días después.

El principio teórico es que el cuerpo quema lo que la persona come habitualmente y si se cambia el tipo de calorías que se consume, el metabolismo cambia, quemando también grasa adicional.

Disfrutar de la comida es una manera de digerir mejor y facilitar la absorción correcta de los alimentos. Comer lentamente hace que comamos menos cantidades, porque el período de hambre cesa automáticamente después de determinado tiempo, permitiéndonos además reconocer sabores durante este proceso.

Ni bien sentimos las señales de plenitud debemos dejar de comer en forma inmediata. Con el tiempo se aprende a reconocer estas señales que para cada persona pueden ser diferentes.

Esta propuesta indica que es necesario comer más de tres veces por día para perder peso.

26
Jun

Psicología Sistémica

Publicado por Malena el 26 de Junio de 2008 a las 01:41 pm

Psicología Sistémica

Es una alternativa sintética la Psicoterapia Sistémica

Un sistema es una estructura cuyas partes están interrelacionadas entre si.

La Psicología Sistémica estudia los fenómenos de relación y comunicación en cualquier grupo que interaccione, entendido como un sistema. Este enfoque se extiende también a las personas individuales, teniendo en cuenta los distintos sistemas que componen su contexto.

Originalmente esta orientación en Psicología comenzó utilizándose en el ámbito familiar de enfermos con psicopatologías severas, evidenciando que el miembro que expresa síntomas es el emergente de la relación patológica de todo el grupo.

El enfermo es el único que no tolera esa situación y es el que se resiste a formar parte de ese sistema, mientras los demás tratan de mantener el equilibrio para evitar la disgregación del grupo.

Con el tiempo, este enfoque en Psicología continuó utilizándose no solamente con enfermos mentales sino también con personas no necesariamente enfermas sino con perturbaciones psicológicas, producidas por una dinámica familiar distorsionada; con fallas de comunicación, confusión de roles y patrones de comportamiento alterados que son los que ocasionan esos trastornos.

Este movimiento surge a mediados del siglo pasado como consecuencia de la influencia del pensamiento filosófico ambientalista de esa época con una concepción del hombre como ser social producto de su ambiente.

Este método en Psicología modifica el abordaje terapéutico en cuanto a la forma de realizarlo, la duración de los tratamientos y el rol del Psicólogo; y dada sus características, no es imprescindible la presencia de todo el grupo sino que pueden participar algunos de los miembros y hasta solamente uno de ellos; porque en todo sistema, el cambio de una de sus partes produce una modificación en todas las demás, dando lugar a otro sistema con una nueva configuración.

Se trata de una psicoterapia breve, con objetivos limitados al motivo de la consulta, donde el paciente no es pasivo sino que es considerado un cliente que también tendrá a su cargo la responsabilidad de los resultados.

El Psicólogo, dentro de este enfoque, también tiene una participación activa y no pasiva como tienen los tratamientos tradicionales, orientando el discurso, con una intención práctica, que brinde alternativas, señale las emociones que surjan y pueda detectar valores y entender qué es lo que no le permite ser feliz a ese individuo.

Este modo terapéutico se centra más en las posibilidades que en las debilidades, destaca lo positivo más que lo negativo, apoya los cambios y los propios objetivos del sujeto para que logre tener una mayor perspectiva de su realidad y pueda encontrar una salida alternativa.

Esta forma de Psicoterapia se puede realizar en una sola sesión de dos horas de duración, pero en general se llega a extender hasta ocho sesiones de una hora; cuando se considera que en una sola entrevista no se pueden cumplir los objetivos.

Cabe destacar que esta forma de tratamiento no se trata de atender a un paciente que está enfermo sino de una persona que tiene dificultades de adaptación, de relación, de comunicación, que sólo necesita salir de su confusión y ver más claro para poder seguir su camino solo, sin apoyos.

Más que solucionar problemas, se aprende a vivir con los problemas, porque vivir la vida intensamente es crear compromisos y relacionarse adecuadamente y las dificultades son los desafíos que necesitamos para sentirnos vivos.

Todos tienen problemas, que no difieren significativamente de los de los demás, la cuestión no son los problemas sino cómo vivimos los problemas.

25
Jun

Estrés Laboral

Publicado por Malena el 25 de Junio de 2008 a las 09:13 am

Estrés Laboral

El tiempo, que es por donde transcurre la vida, es un contratiempo

El trabajo es parte de la vida y contribuye a la realización personal. Pasamos la mayor parte de la vida en el trabajo, por lo tanto es necesario que las tareas que tengamos que desempeñar nos brinden satisfacciones, un ambiente cómodo, buen trato y un clima armonioso.

Aunque los ingresos son importantes, las encuestas revelan que la gente prioriza más el trabajo que hace que lo que gana, porque no hay dinero suficiente para pagar una tarea que a una persona no le resulte de su agrado.

Pero todos sabemos que la diversidad de los intereses que existen hace que podamos encontrar personas que estén dispuestas a hacer cualquier trabajo si les gusta.

En una gran ciudad se puede acceder a una gran gama de actividades, y cuanto más específica sean las tareas a realizar habrá más probabilidades de conseguir buenas remuneraciones si se cuenta con la habilidad adecuada.

El hecho de vivir en grandes urbes crea muchas necesidades que no existen en las pequeñas comunidades, condición que obliga a sus habitantes a priorizar sus ingresos en detrimento de su satisfacción laboral.

Las necesidades que crean los grandes conglomerados urbanos hace que los jóvenes elijan carreras que no les interesan y para las que generalmente tampoco tienen las aptitudes necesarias, con tal de tener todo lo que tienen los demás.

El estrés laboral puede surgir cuando una persona elige hacer algo que no es adecuado para su personalidad, no se ajusta a sus intereses y cuando tampoco tiene las aptitudes para cumplir con los requerimientos que corresponden.

El sufrimiento psíquico y orgánico que produce el estrés se relaciona con la personalidad. Si alguien tiene rasgos obsesivos es probable que asuma su trabajo con excesiva responsabilidad y se exija más de lo que puede, con la consecuente frustración si no cumple con sus propósitos.

El estrés se produce cuando el querer y el poder están disociados. Se quiere hacer algo pero no se puede, y esta falta de discernimiento mantiene un permanente estado de frustración y depresión.

El hecho de querer hacer algo que supera las posibilidades tiene otras motivaciones, además de los beneficios económicos.

A veces es una actitud competitiva, hacer más que los otros para mejorar la imagen y superar estadísticas y de ese modo destacarse, sin darse cuenta que ese esfuerzo produce estrés.

Querer ser diferente a los demás para conseguir un cargo de jerarquía que a su vez traerá mayores responsabilidades y mayores presiones también produce estrés; porque cuando la pirámide se achica los competidores son menos pero más feroces y es más difícil mantenerse.

Hay empresas que otorgan incentivos a sus empleados por la rapidez en la realización de una tarea. En ciertos supermercados controlan la velocidad de las cajeras en forma automática, las cuales reciben un premio según la cantidad de artículos que se registren en las máquinas que operan.

También algunas empresas de transporte de pasajeros otorgan incentivos por la menor duración de tiempo de los recorridos, que la mayoría de las veces no se puede cumplir por la gran concentración del tránsito; produciendo estrés a los conductores, que pierden el sentido de sus prioridades e ignoran las paradas de pasajeros para llegar primero.

Estos trabajadores son presionados por sus empresas con un doble mensaje contradictorio, llevar la mayor cantidad de pasajeros en el menor tiempo posible.

Los profesionales de la salud que trabajan en instituciones, la mayoría de las veces no perciben sueldo sino un arancel ínfimo por afiliado, que los obliga a limitar la consulta a sólo diez minutos.

Esta forma de atender a un paciente produce estrés al profesional que no puede hacer un diagnóstico y también al paciente, que se da cuenta que no puede ser escuchado como corresponde y resolver su problema.

Lejos de mejorarse los pacientes se pueden llegar a agravar, al añadir el estrés que le produce la impotencia de no ser atendido el tiempo necesario, y además lo obliga a hacer varias visitas en lugar de una sola, por lo que cual lo que se ahorra la institución en tiempo de atención lo gasta en cantidad de entrevistas.

Sentirse en un callejón sin salida produce estrés, pero pensar así es un error porque siempre hay una salida, que depende sólo de nosotros.

24
Jun

Terapia Cognitiva

Publicado por Malena el 24 de Junio de 2008 a las 09:40 am

La terapia cognitiva, es práctica, breve y efectiva

Terapia Cognitiva

No obstante el movimiento conductista de Watson (1878-1958) en Estados Unidos, y de los importantes aportes de sus seguidores, con la tendencia a centrarse en la conducta como un fin en sí mismo, la psicología seguía siendo considerada todavía en primer lugar como el estudio de la experiencia consciente.

Watson estaba convencido que la Psicología no debía ocuparse de la conciencia sino de la conducta, reducida a un conjunto de estímulos y respuestas que también podían ser objeto de análisis, como unidades de conducta en lugar de unidades de conciencia.

Werteimer (1880-1943), en Alemania, no estaba de acuerdo con el análisis, porque creía que dividir la conciencia en partes le quitaba lo que tenía de más significativo.

No objetaba la conciencia como lo hacía Watson, por el contrario el estudio de la conciencia como totalidad era su prioridad, insistiendo en que vemos la realidad como un todo significativo.

Lo mismo pasa con los pensamientos que consisten en percepciones significativas totales y no conjuntos asociados de imágenes, como sostenía la Psicología tradicional.

El nuevo movimiento de Wertheimer estudió principalmente la percepción poniendo énfasis en los sistemas totales en los cuales las partes están interrelacionadas dinámicamente de tal forma que el todo no puede ser inferido, considerado separadamente.

Wertheimer denominó Gestalt a estas totalidades, palabra alemana que significa “forma”, “pauta”, o “configuración, que dio lugar a la Psicología de la Gestalt.

Estas Gestalten, son de muchas clases y se encuentran tanto en la física como en la psicología.

Tanto Watson como Wertheimer fueron precursores de dos modelos opuestos de psicología; el de Watson era un enfoque mecanicista, interesado en los componentes de la conducta y en las conexiones entre ellos; el de Wertheimer era un enfoque dinámico, interesado en las pautas unificadas en la conciencia.

Watson fue el pionero de la teoría conexionista y Wertheimer de la teoría cognitiva, compartiendo el mérito con Wolfgang Köhler (1887-1967) y Kurt Koffka(1886-1941), formando un grupo conocido como Escuela de Berlin, posteriormente radicados en los Estados Unidos.

Toda su obra se centró en las totalidades organizadas, separadas de otras totalidades, pero unidas dentro de sí por su disposición dinámica.

A estos investigadores les interesaba cómo aprende el individuo a percibir una situación; para ellos las huellas de la memoria son totalidades organizadas, por lo tanto el aprendizaje no es una cuestión de agregar nuevas huellas y extraer las antiguas, sino de cambiar una configuración o Gestalt por otra; o ver las cosas de otra manera.

Este cambio puede producirse por una nueva experiencia, mediante la reflexión o por el paso del tiempo y la teoría de la Gestalt se ocupa de estudiar la forma en que se producen estas reestructuraciones.

Para los psicólogos de la Gestalt, el aprendizaje se produce en general en forma súbita, mediante un “insight” o comprensión profunda a través de la cual la persona ve toda la situación bajo un nuevo aspecto.

Esta teoría considera también, como la conexionista, que la recompensa produce un efecto que cambia la percepción que el individuo tiene de la situación, de modo que los estímulos, la respuesta y la recompensa forman una Gestalt.

En educación Wertheimer trató de encontrar los medios de que el aprendizaje se lograra por comprensión y no con la memorización rutinaria.

La comprensión no es lo mismo que la lógica sino que consiste en la percepción del problema como un todo integrado, o sea la percepción de los caminos por los cuales los medios conducen al fin.

Las terapias cognitivas se centran en conocer cómo aprendió a percibir el sujeto sus experiencias e intenta modificar configuraciones de percepciones aprendidas por otras más adaptativas mediante el aprendizaje de un nuevo modo de percibir.

Existen distintas técnicas terapéuticas, la mayoría de las cuales se relacionan con el aprendizaje mediante el refuerzo de percepciones de configuraciones positivas.

23
Jun

Psicología de la Comunicación

Publicado por Malena el 23 de Junio de 2008 a las 09:48 am

Psicología de la Comunicación

La comunicación en un grupo tiene dificultades, por causas emocionales y personales.

Casi todas las tareas humanas, como la educación, el trabajo y hasta la psicoterapia, logran mejores resultados en grupo que en forma individual.

Sin embargo es habitual que todo grupo humano tropiece con problemas de comunicación debido principalmente al efecto emocional y personal que a toda persona le produce la interrelación.

Cada individuo adopta una forma de comportamiento única cuando se encuentra en una situación de grupo, que puede ser eficaz o no en cuanto al cumplimiento de los objetivos de ese grupo.

Es importante saber que en estos casos existen técnicas muy eficaces para facilitar las decisiones, resolver problemas y lograr resultados.

Todo grupo es más efectivo si la mayoría de los participantes están plenamente identificados con las actividades que emprende.

La cantidad de miembros deberá ser óptima, es decir, ni tan grande que no haga posible la participación de todos, ni tan pequeño que no permita contar con la presencia de gente experimentada; por lo que se considera un límite máximo de 25 personas y de 8 como mínimo, como lo más adecuado, si los participantes están adiestrados.

En todo grupo, romper el hielo e iniciar un modo de comunicación amistosa reduce la posibilidad de centrarse en los problemas interpersonales y dejar de lado los objetivos.

La acción democrática es la más eficaz para resolver las dificultades de funcionamiento de un grupo, y la participación ejecutiva de todos los miembros de acuerdo a sus características personales mejora notablemente la evolución individual y grupal.

La formulación de los objetivos, incrementa el sentimiento de pertenencia al grupo y centraliza la acción hacia la toma de decisiones.

Prestar atención a la dinámica del grupo permite detectar no sólo lo que se dice sino también cómo se lo dice y cómo reaccionan los demás.

El mejor modo de saber si un grupo evoluciona es detectando cómo evolucionan sus objetivos y actividades.

Si los grupos tienen un liderazgo demasiado “fuerte”, esta característica impedirá la actuación participativa de todos los miembros.

Un líder autocrático puede tener motivos encubiertos, bajo una máscara de espontaneidad, que suelen ser notados por los demás miembros y provocar reacciones.

En un grupo de características democráticas, ninguno de los miembros deberá ocupar un lugar de privilegio, debiendose evitar las diferencias entre los participantes que pueden intimidar a los demás; por lo que resulta conveniente una disposición de los miembros en forma circular.

Utilizar los nombres de pila, dando muestras de informalidad, dentro de un clima permisivo, es una buena decisión para aflojar tensiones, aunque se trate de personas de distinto rango; y otorga una sensación de igualdad, evitando impedir las inhibiciones que producen las diferencias jerárquicas.

Los integrantes de un grupo deben acostumbrarse a anotar sus ideas para organizar sus pensamientos antes de exponerlos y un buen participante ayuda y se deja ayudar.

Una buena idea es dedicarle la primera sesión a la presentación mutua porque saber algo de los demás puede incentivar el interés por cada miembro como individuo y al conocerse mejor evitar la intimidación.

La forma de reaccionar en un grupo está determinada por la personalidad de cada uno, sus necesidades, el modo en que es tratado y la manera de cómo percibe su relación con los demás.

Cada persona manifestará sus mecanismos de defensa cuando se sienta rechazado, criticado o ignorado y tenderá a hacerse una idea de cómo es el grupo según como es él y no como el grupo realmente es.

Toda persona necesita sentir aprobación, aceptación, reconocimiento, atención y tener la sensación de sentirse valorada y útil, y en los grupos debe dedicarse atención a la satisfacción de tales necesidades.

La madurez social está dada por la capacidad de relacionarse satisfactoriamente con otros y esta posibilidad es la que ampliará las perspectivas individuales y enriquecerá el desarrollo social.

Nuestras experiencias sociales previas y la necesidad de conservar la autoestima atentan contra una buena relación interpersonal en un grupo; y la necesidad de aprobación nos obliga a ser amables, agradables y estimados, pero nos quita autenticidad y franqueza, actitudes promovidas por la idea equivocada de que llevarse bien con la gente implica adulaciones o servilismos.

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